sábado, 15 de abril de 2017

6 Razones para Empezar a Utilizar Aceite de Coco Como Pasta Dental

Historia en Breve

  • El aceite de coco inhibe el crecimiento de Streptococcus mutans, una bacteria productora de ácido que es una causa importante de caries dental
  • La pasta de dientes natural es libre de ingredientes nocivos como el fluoruro, triclosán y sulfato de sodio de laureth (SLS)
  • Por el Dr. Mercola
    En un estudio que analizo las propiedades biocidas de aceite de coco contra la bacteria responsable de la caries dental, el aceite demostró ser muy eficaz
    La acción del aceite de coco se analizó en su estado natural y después de ser tratado con enzimas, en un proceso similar a la digestión. El aceite fue probado contra cepas de la bacteria estreptococo, que comúnmente habitan en la boca.
    Ellos encontraron que el aceite de coco modificado con enzimas inhibe fuertemente el crecimiento de la mayoría de cepas de bacterias Streptococcus, incluyendo Streptococcus mutans, una bacteria que produce ácido que es una causa importante de la caries1 Se cree que el desglose del aceite graso de coco por las enzimas se convierte en ácidos, que son tóxicos para ciertas bacterias.2 El Jefe investigador Dr. Damien Brady dijo:
    "Incorporar aceite de coco modificado con enzimas en productos de higiene dental sería una alternativa atractiva a los aditivos químicos, en particular, porque trabaja en concentraciones relativamente bajas. Además, con el aumento de la resistencia a los antibióticos, es importante que enfoquemos nuestra atención a las nuevas formas de combatir la infección microbiana."

    6 Razones para Usar Aceite de Coco Como Pasta de Dientes

    Un caso podría ser que el aceite de coco tiene una composición casi perfecta para actuar como una eficaz pasta dental. Seis razones principales, como lo informó MindBodyGreen, incluyen:3
    1. Sustancias químicas no dañinas
    La convencional pasta de dientes, como Colgate Total contiene una sustancia química antibacteriana llamado triclosán, que se ha relacionado a las preocupaciones de resistencia a los antibióticos y alteraciones endocrinas.
    Las sustancias químicas que dañan el sistema endocrino son una gran preocupación, ya que pueden promover una amplia variedad de problemas de salud, entre ellos: cáncer de mama, de ovario, de próstata y testicular, bebés prematuros y con bajo peso al nacer, pubertad precoz en las niñas y testículos no descendidos en los varones.
    Algunos estudios mostraron que el triclosán causó malformaciones óseas fetales en las ratas y ratones, lo que podría insinuar efectos hormonales.
    El fluoruro es otra sustancia química común en la pasta dental convencional. El fluoruro es un producto toxico de desecho industrial que es venenoso para su cuerpo, incluso en pequeñas cantidades...
    2. Eficaz Contra las Bacterias que Causan Caries
    La investigación incluso muestra que masajear sus encías con aceite de coco durante unos 10 minutos diarios (durante tres semanas) reduce significativamente la bacteria Streptococcus mutans que causa caries, así como la placa.4
    3. Sin Espumantes
    Muchas pastas dentales también contienen surfactantes como Lauril sulfato de sodio, sulfato de sodio laureth (SLS), o éter sulfato de sodio (SLES). Los surfactantes son sustancias químicas responsables de crear el efecto espumante en la pasta de dientes, pero también interfieren con el funcionamiento de su paladar al romper los fosfolípidos en la lengua.
    Esto promueve el sabor amargo y se cree que es la razón por la cual todo sabe tan mal después de haberse lavado los dientes. Esto también puede ser parte de la razón por la que el aceite de coco funciona tan bien para la higiene bucal, ya que ayuda a mantener un equilibrio más natural de lípidos en la lengua, mientras que aún tiene potentes propiedades antibacterianas.
    Sin mencionar que el SLS incluso se ha relacionado con las ulceras dolorosas, con la investigación que sugiere que las personas con úlceras recurrentes deben utilizar una pasta dental libre de SLS.5
    4. Barato
    Sólo se necesita una pequeña cantidad de aceite de coco para mantener sus dientes limpios, y un frasco fácilmente le puede durar meses, por lo que es una pasta de dientes muy barata.
    5. También Puede Utilizarlo en los Dientes de su Perro
    Si bien no es recomendable cepillar los dientes de mascota con la ordinaria crema dental de humanos, el aceite de coco es eficaz y seguro para los perros y los seres humanos por igual. Aplicarlo con un cepillo de dientes es mejor, pero su mascota incluso podría obtener algunos beneficios de salud oral solo con lamer una pequeña cantidad de aceite.
    6. Fácil de Hacer
    La pasta de dientes de aceite de coco es fácil de hacer solo con unos pocos ingredientes:
    Aceite de coco
    El bicarbonato de sodio, que actúa como un abrasivo y ayuda con el blanqueamiento
    Aceites esenciales para darle sabor a la pasta de dientes y agregar beneficios terapéuticos adicionales. Por ejemplo, el extracto de aceite de menta, ha demostrado ser superior al enjuague bucal clorhexidina química para inhibir la formación de biopelículas vinculadas a las caries dental.6
    El eritritol, xilitol, o stevia (opcional), que son los endulzantes naturales. El xilitol, en particular, se ha relacionado con reducir la caries.7 Sin embargo, si le dieta esta pasta de dientes a su perro, no incluya el xilitol, ya que es tóxico para los perros.
    Sal
    Arcilla bentonita, que añade una consistencia pastosa y puede ayudar a extraer las toxinas de las encías y la lengua

    Puede Utilizar Aceite de Coco para Hacer Oil Pulling

    El Oil Pulling implica 'enjuague' de su boca con aceite de coco, al igual que lo haría con un enjuague bucal (a menos que usted no debe tratar de hacer gárgaras con él). El aceite se utiliza para enjugar toda la boca, pasando por los dientes durante unos 10-15 minutos. Cuando empiece a hacerlo, primero inténtenlo por sólo cinco minutos a la vez.
    Este proceso permite que el aceite "saque" las bacterias que causan las caries y otros restos de la boca. Una vez que el aceite se diluye y se hace lechoso, sabrá que es hora de escupirlo. Según lo reportó Indian Journal of Dental Research:8
    "La técnica de Oil Pulling ha sido utilizada ampliamente como un remedio tradicional en la comunidad India sin prueba científica durante muchos años que muestre fortalecer los dientes, las encías y maxilares y que prevenga la caries, mal aliento, sangrado de las encías, sequedad de garganta y labios agrietados."
    Sin embargo, oil pulling parece tener un efecto curativo y de limpieza significativa, que está respaldado por la ciencia:
    • Oil Pulling reduce la carga de la bacteria Streptococcus mutans--un importante factor que contribuye a la caries dental--en la placa y la saliva de los niños.9 Los investigadores concluyeron, "Oil pulling puede ser utilizado como un eficaz auxiliar preventivo para mantener y mejorar la salud oral."
    • Oil pulling reduce significativamente la placa, mejora la salud de las encías y reduce los microorganismos aerobios en la placa entre los jóvenes adolescentes con gingivitis inducida por la placa10
    • Oil pulling es un eficaz enjuague bucal para el mal aliento y para disminuir los microorganismos que generan el mal aliento11
    • Oil pulling beneficia su boca, en parte, a través de su acción de limpieza mecánica.12Los investigadores señalaron, "El mito de que el efecto de la terapia con oil pulling para la salud bucal era más que un efecto placebo ha sido derrotado y hay indicios claros de su posible saponificación y proceso de emulsión, mejoran su acción de limpieza mecánica.”
    Vale la pena señalar que los estudios anteriores utilizan el aceite de sésamo, que tradicionalmente se recomienda.

    ¿Por Qué No Recomiendo Pasta de Dientes Fluorada?

    El fluoruro durante mucho tiempo ha sido proclamado como la respuesta a la descomposición de los dientes, pero en los últimos años cada vez más ha recibido escrutinio, y por una buena razón. Un innovador estudio publicado en la revista Langmuir13descubrió que la capa fluorapatite supuestamente beneficiosa que se forma en los dientes sólo tiene seis nanómetros de espesor.
    Para entender lo delgada que esta capa, se necesitarían 10,000 de estas capas para obtener el ancho de un cabello. Ahora, los científicos se preguntan si esta capa ultradelgada en realidad puede proteger su esmalte y proporcionar algún beneficio perceptible, teniendo en cuenta el hecho de que se elimina rápidamente con simplemente masticar. Ellos escribieron:
    "...Tendríamos que cuestionar si esas estrechas... capas en realidad pueden actuar como capas de protección para el esmalte."
    De hecho, de acuerdo con un estudio, la pasta de dientes que contiene teobromina del extracto de cacao de origen natural, reparó y re-mineralizó la dentina expuesta (tejido que conforma la mayor parte de sus dientes debajo del esmalte) que la pasta dental con fluoruro.14 Sin mencionar que el fluoruro en la pasta de dientes a menudo es la principal fuente de consumo de fluoruro en los niños pequeños, y es un factor de riesgo importante para desfigurar la fluorosis dental. Esto se debe a que los niños se pasan una gran cantidad de la pasta que colocan en su boca.
    De hecho, la investigación ha demostrado que no es raro que los niños pequeños traguen más flúor únicamente de la pasta de dientes que de lo que se recomienda consumir en un día entero de todas las fuentes.15 El consumo de fluoruro, como es el caso del agua potable fluorada, es especialmente perjudicial para su salud, ya que la ciencia demuestra claramente que el fluoruro es una sustancia química toxica, con el tiempo se acumula en sus tejidos, daña las enzimas y produce una serie de graves efectos adversos en la salud, incluyendo disfunción neurológica y endocrina.
    Los niños particularmente estan en riesgo de efectos adversos debido a la exposición excesiva. Por lo tanto, si tiene un niño pequeño, se recomienda utilizar una pasta dental sin fluoruro, aunque también es lo mismo que recomendó para los adultos.

    Un Enfoque Integral para Mejorar su Salud Dental

    Una pasta de dientes que contiene ingredientes naturales, como bicarbonato de sodio, aceites esenciales, xilitol y otros, parece ser más eficaz y más segura que las pastas de dientes que contienen fluoruro. No hay razón para exponerse al fluoruro u otras sustancias químicas como el triclosán y el Lauril sulfato de sodio. Estás son mis directrices básicas para optimizar su salud dental, de forma segura y natural:
    • Evite el agua fluorada y pasta dental fluorada. En lugar utilice pasta dental natural sin fluoruro, ya sea casera o de una marca de renombre.
    • Minimice su consumo de azúcar y granos. Mantenga su consumo de fructosa a menos de 25 gramos por día. Evite los alimentos procesados.
    • Asegúrese de llevar una alimentación rica en alimentos frescos, enteros, vegetales fermentados y carnes de animales alimentadas con pastura, eso le ayudara a asegurarse de que está consumiendo muchos minerales que son muy importantes para huesos y dientes fuertes.
    • Practique una buena higiene bucal y hágase limpiezas regulares con un dentista natural libre de mercurio. Tallar los dientes ligeramente con una toalla antes de cepillarlos también puede ayudar a eliminar la acumulación de la biopelícula.
    Por último, recuerde que la naturaleza ofrece muchas soluciones naturales para refrescar el aliento. Por ejemplo, masticar perejil fresco, menta, cilantro, o rodajas de jengibre, son opciones que le refrescan el aliento. Colocar una rodaja de pepino en la parte superior de la boca también puede ayudarle a eliminar las bacterias de su boca que causan el mal olor. De acuerdo con los principios de la Ayurveda, comer pepinos también puede ayudar a liberar el exceso de calor en el estómago, que se cree es una causa principal que causa mal aliento.16


martes, 28 de marzo de 2017

Mónica Müller: "El Negocio de la Enfermedad "

Mónica Müller: "Se creó la cultura de la pastilla; ya nadie pregunta qué hago, sino qué tomo..."



En una entrevista con LA NACION, la médica homeópata denuncia la lógica del negocio de los laboratorios, el segundo en el mundo después de las armas; llama a tomar conciencia sobre el uso irracional de las drogas, y responsabiliza al Estado por la ausencia de un control estricto frente a los abusos en los que incurre la industria

Su suave andar, su cálida mirada y su voz tenue no anticipan, menos sugieren, la preocupante realidad que minutos después saldrá de su boca. Tampoco, el peso de los argumentos, las críticas o las metáforas que empleará a la hora de transparentar una cruda industria que conoce a fondo y de la que -afirma- nadie está exento.


Desde su experiencia, primero como publicista durante más de 30 años y ahora como médica homeópata, Mónica Müller denuncia, sin tapujos y con el respaldo de una trayectoria difícil de encontrar, el negocio de los laboratorios y sus profesionales especializados: "inventar enfermedades con el objeto de ampliar el mercado hasta que todos se vuelvan enfermos". Además, advierte sobre la urgencia extrema de tomar conciencia acerca de "esta situación alarmante", para luego poder decidir respecto del propio cuerpo sin caer ciegamente en el paternalismo médico que sobrevuela hoy al sistema en plena crisis.


La respuesta médica convencional hoy recae en recetar varias drogas "

Compartilo
- En ese contexto, ¿por dónde pasa el poder persuasivo de los psicofármacos, cuyo uso se ha extendido a cifras impensadas en la Argentina y en el mundo?


- Es tremendo lo que sucede con ellos. La gente hasta se aconseja y convida para no estar triste, enfrentar entrevistas laborales o rendir con éxito un examen. Hay 100 millones de personas tomando ansiolíticos en el mundo y el 10% de la población de Estados Unidos lo hace sólo con antidepresivos. Viven empastillados. Se ha naturalizado también eso.

- No se buscan alternativas para estar mejor...
- Claro, nadie prueba. Se creó esa cultura de la pastilla. A mí me llaman los pacientes y no me dicen qué hago, sino que me preguntan qué tomó. Enseguida se piensa en eso. Me parece que la función del médico debería pasar por ver la totalidad y ayudar a la persona a salir de una situación enferma como ésta que describo. Pero hoy, en muchos casos, la respuesta convencional recae en recetar varias drogas. Esto no implica que los médicos sean malos, locos o criminales, asociados con los laboratorios. Ocurre que están quemados, pasados de actividad, porque trabajan miles de horas por día, y las prepagas o las obras sociales suelen darles no más de diez minutos por cada paciente.
- ¿Entonces es obsoleto pensar en la actualidad en el modelo del médico que dispone de tiempo y puede dedicarse de lleno a sus pacientes?
- Totalmente obsoleto. Es un personaje raro ese médico y va a seguir siéndolo. Desde que las prepagas desembarcaron en el sistema de salud, la salud es un producto de consumo, con la lógica del mercado. El médico tiene que atender a 50 pacientes por día porque sino no acumula los honorarios necesarios para pagar el alquiler.
La idea subyacente, advierte, es que siempre se debe hacer algo, aunque no se sepa qué



La idea subyacente, advierte, es que siempre se debe hacer algo, aunque no se sepa qué. 


En distintos fragmentos del libro usted plantea que en la sociedad en la que vivimos está mal visto estar enfermo y esboza la idea del "Gran Mandato" (aquel que lleva a la persona a producir y consumir, sin descansar y curarse del todo). ¿Considera que es posible evadirse de él, aunque sea gradualmente?
- Pienso que sí, porque hay una movida de la gente, a pesar de toda esta presión. Sólo falta incorporar a la conciencia de la vida sana y la actividad física la idea de que uno puede curarse de otra forma, sin tomar remedios. La premisa circula, pero no se le tiene confianza por culpa de la publicidad, que te dice: "Estás cansado, tomate eso".
- ¿Qué papel cumple en ese proceso de "desaprender lo aprendido" tener acceso a información rigurosa y poder decidir sobre el propio cuerpo?
- Me parece que es fundamental porque la información que tenemos está sesgada y limitada a la publicidad y a lo que hacen los laboratorios como publicidad indirecta. Eso depende realmente del Estado, acá y en todo el mundo, es algo universal. Los Estados son los responsables de educar a la gente. Los problemas graves de salud derivan de la pobreza y de la ignorancia. Si uno pudiera terminar con ambas, la mortalidad general de las poblaciones disminuiría notablemente.

LA CRISIS DEL SISTEMA DE SALUD

Pienso que más que pensar en qué habría que invertir, hay que pensar dónde hay que hacerlo. Por ejemplo, hay que hacer más cloacas, agua corriente. Sólo el 20% de la población de Misiones las tiene, lo que significa diarrea y mortalidad infantil. Invertiría en eso, no en la vacuna de Rotavirus. Ahora, si no van a hacerlas, que den la vacuna, esa es la realidad. Tampoco uno puede ser elitista y decir: "No den la vacuna, igual a mi nene no le pasa nada". Porque a los chicos de Misiones sí les pasa, como a los de Chaco y Santiago del Estero…


-¿Cómo evalúa el calendario de vacunación vigente en el país? ¿Considera que sería viable aplicar eventualmente el modelo japonés (que ajusta los planes de inmunización con un criterio médico dinámico, es decir, adaptado al momento)?
- Considero que siempre es posible. Ahora, no sé cuáles son las razones que llevan a que los diversos ministerios del mundo tomen esas decisiones, no tengo la menor idea. Es muy diferente, en Europa, en Estados Unidos, acá, en Japón, en Africa. Son modelos de relaciones con la inmunización muy distintos. No hay un único modelo. Esta cosa masiva de rebaño, de darle a todos lo mismo..no sé...es probable que en la Argentina sea así por el mismo federalismo.
"La salud es un producto de consumo, con la lógica del mercado "

Compartilo
- La aplicación de la ley que prohíbe la venta libre de medicamentos fuera de las farmacias causó polémica años atrás. ¿Por qué motivos cree que no prosperó o no logró el impacto que se esperaba?
- Fue un cambio cosmético para beneficiar a las farmacias, al público no lo benefició para nada. Da igual ir a un kiosco y pedir una aspirina, que ir a una farmacia y hacerlo. Meten todo en la bolsa y te lo dan. ¿Qué diferencia hay para la gente comprarlo en la farmacia que en una estación de servicio o en un hotel alojamiento? Es igual. Así que no entiendo cuál fue el objetivo de esa ley.

Volviendo al sistema y a la crisis que atraviesa, ¿es posible hablar de profesionales de la salud que no sean "concesionarios de la industria farmacéutica"?
- Los homeópatas somos independientes absolutamente, por eso yo pude escribir el libro. No existo para los laboratorios ni para los visitadores médicos. Algo similar sucede con los médicos naturistas. Los otros, en mayor o menor medida, dependen de las obras sociales y de las prepagas. Si trabajan en un hospital, no pueden decirle al paciente que no tome nada. No hay que olvidarse de los controles de los laboratorios, que se fijan en las recetas que cada profesional hace y, sino, los llaman para preguntarles qué pasó o por qué motivos no recetó tal droga. La industria farmacéutica premia con dinero y estatus. Esto ha sido siempre así. Te presionan, te controlan, es imposible ser neutral. Los médicos no pueden independizarse de los laboratorios.
"Sana Sana, la industria de la enfermedad", plantea que los argentinos son el objeto deseado del negocio de la industria farmacéutica


"Sana Sana, la industria de la enfermedad", plantea que los argentinos son el objeto deseado del negocio de la industria farmacéutica
¿Somos concientes de que los medicamentos nos pueden matar?, se pregunta Mónica Múller en Sana Sana


¿Somos concientes de que los medicamentos nos pueden matar?, se pregunta Mónica Múller en Sana Sana




El libro que explica por qué los medicamentos nos pueden matar y denuncia el alarmante negocio de la industria farmacéutica. ¿Somos conscientes de que los medicamentos nos pueden matar? De todos los casos de intoxicación aguda que se atienden en los hospitales públicos de la Argentina, la segunda causa después del alcohol son los medicamentos. Los argentinos somos el objeto deseado de un negocio fenomenal: la industria farmacéutica. Los laboratorios se escudan detrás de prospectos escritos con un vocabulario que sólo entienden los expertos, que hay que leer con lupa, y de la leyenda "consulte a su médico". Con la publicidad como aliada, nos empujan a ocultar los síntomas de una simple gripe, a silenciar nuestros cuerpos para poder ir a trabajar y cumplir así, como dice la autora, con el Gran Mandato: producir y consumir. Pero, ¿qué producen los medicamentos en nuestros cuerpos? ¿Sabías que una aspirina altera la coagulación sanguínea durante siete días? ¿Y que dos aspirinas multiplican el riesgo de provocarte una hemorragia de consecuencias fatales? Los antigripales pueden desencadenar gastritis, úlceras o una grave hemorragia digestiva. Una persona tratada con ciertos antidepresivos o drogas para el Parkinson puede tener una crisis de hipertensión grave por tomar un antigripal de venta libre. En los Estados Unidos, donde se llevan este tipo de estadísticas, los efectos adversos de los medicamentos son causa de dos millones de cuadros serios y más de 100.000 muertes de pacientes internados por año. Es la cuarta causa de muerte. La Organización Mundial de la Salud alertó que el abuso de antibióticos está provocando que muchas infecciones sean intratables. Sana sana denuncia por primera vez en la Argentina el preocupante negocio de los laboratorios y sus profesionales especializados: inventar enfermedades con el objeto de ampliar el mercado hasta que todos seamos enfermos. Mónica Müller, prestigiosa médica y ex publicista, cuenta con una experiencia única para revelar esta situación alarmante. Sana sana es un libro riguroso y de lectura obligatoria. ¿Vas a seguir tomando ese antigripal que parece tan inofensivo?

Tenía una deuda pendiente con estudiar medicina, así que Mónica Müller decidió empezar la carrera a los 34 años, cuando era toda una luminaria en el mundo de las agencias de publicidad. Se recibió y se dedicó a la homeopatía. Escritora además de médica, en 2010 publicó Pandemia, al calor de los coletazos de la gripe A, y ahora presenta Sana Sana, donde aborda con brillantez y humor el mundo de los medicamentos libres, los cambios en la relación entre el doctor y el paciente con Internet, las vacunas y todo lo que rodea a una creciente medicalización de la sociedad.

 Por Ana Wajszczjuk
En la farmacia, una persona con la nariz roja de gripe compra dos antibióticos, un analgésico y un antihistamínico de venta libre. En un consultorio, un médico atiende decenas de pacientes a las corridas para que su trabajo le rinda. En la guardia de un hospital, otro paciente cree que el doctor tan bueno no debe ser: no le indicó que tomara nada de lo que él leyó al googlear sus síntomas. En un congreso médico auspiciado por un laboratorio, los médicos participantes que receten equis producto participan por un viaje todo pago a Cancún. En una agencia de publicidad se desarrolla la nueva campaña del jarabe que promocionará el conductor más famoso de la televisión. En un confín de provincia sin cloacas ni agua corriente brotan de un día al otro enfermedades decimonónicas como la tuberculosis o el cólera.
De un extremo a otro, desde el que puede comprar en cantidad medicamentos publicitados hasta en los subtes al que muere por enfermedades perfectamente evitables de contar con la infraestructura mínima, vivimos en una sociedad medicalizada, “un mundo en el que ser sano es una rareza”, dice la doctora y escritora Mónica Müller. Como médica y como ex creativa publicitaria de centenares de productos, entre ellos medicamentos, Müller estuvo de los dos lados del mostrador de eso que en su nuevo libro denomina “la industria de la enfermedad”. El libro es Sana Sana (Sudamericana), que acaba de publicarse y propone, en palabras de la autora, “caminos de regreso al sentido común que la Medicina ha extraviado hace décadas”.
Sentada en su consultorio, un ático luminoso donde la biblioteca llega hasta el techo, Mónica Müller, una mujer de porte elegante y ojos claros, dice que ese extravío es multifactorial: una enredada madeja de prepagas y obras sociales, que aseguran “más salud” a quien pueda pagar más, médicos trabajando en condiciones de explotación, nuevas enfermedades “diagnosticadas” por laboratorios que buscan optimizar el mercado para sus productos, la paranoia que puede desatar una nota en la prensa o la búsqueda en Internet de un cuadro clínico. “Llegados a los cincuenta años, todo el mundo toma medicamentos, cuatro en promedio”, asegura. Lo ve en la práctica médica y en la vida cotidiana: uno de sus “trabajos de campo” para el libro, que no se priva de comentarios filosos y hasta hilarantes por momentos, era ir a observar o comprar a la farmacia, kioscos de lujo donde los medicamentos parecen golosinas. “Veo que gastan la jubilación en remedios: uno para la acidez, otro laxante, dos antihipertensivos, paracetamol o ibuprofeno porque te ‘levantan’. Eso se aprende en la televisión. ¿Está cansado? ¡Tómese una aspirina! Como si fuese un medicamento inocuo, que no lo es.”

HISTORIA DE UNA MAD WOMAN

“La industria médica nos repite –a través de médicos, campañas, publicidad– que no es necesario tener síntomas para estar enfermos y nos persuade amablemente de que todos somos pacientes. Y si no lo somos es porque todavía no nos hemos enterado”, escribe en Sana Sana. La polémica recién empieza: la doctora Mónica Müller no tiene miedo a incomodar, ni siquiera a su propio gremio.
No lo tuvo nunca. En plenos años ’60, era una chica alta, hermosa y sobradora que consiguió la patria potestad de sus padres y dejó el secundario cuando, casi jugando, escribió un aviso publicitario de lápiz labial. Era para un amigo que ganó la cuenta de la marca Coty gracias al texto de Mónica. De la agencia la contrataron enseguida y a los diecisiete años ya ganaba cuatro veces más que su padre. Como el personaje de Peggy Olson en Mad Men, a puro talento fue escalando posiciones en las agencias más importantes de esa época de oro para la publicidad –Gowland, Lautrec, Capurro– hasta ser reconocida, aún hoy, como una de las más brillantes creativas publicitarias argentinas. Enfundada en un traje que parecía del espacio y montada en su bicicleta, Müller cortaba el tránsito sea llegando al Café Moderno o a la Galería del Este, donde merodeaba desde que era una nena; de viaje sola por Europa o descalza por la costa argentina enfundada en unas por entonces escandalosas bikinis.
“Siempre me gustó la publicidad, me fascinaba desde chica, me acuerdo de que veía los avisos y creía que todo era verdad –dice hoy–. Había un mundo de fantasía que la publicidad me disparaba, y ser redactora y participar de ese mundo me encantó.” A sus veinte años, como todos los publicitarios en esa época, se sentía una artista. Algunos pintaban, otros eran músicos. Ella era escritora, había publicado su primer libro, El gato en la sartén, una novela atravesada por el psicoanálisis y las sesiones con LSD –todavía legal a fines de los años ’60– en la famosa clínica de Alberto Fontana, donde muchos publicitarios y artistas de la época se analizaban en grupo.
En una época en que no existían los estudios de mercado sino “la idea delirante que proponía el creativo”, Mónica escandalizaba con avisos como el de las toallas femeninas Modess, donde por primera vez en la publicidad argentina se habló de la menstruación sin evasivas del tipo “para esos días de nervios”. Con los años, llegó a ser directora general creativa, incluso a tener su propia agencia por un breve período, a principio de los años ’90. En total, más de 30 años en los que, un poco por casualidad y otro poco por su interés desde chica en la medicina, le tocó desarrollar y lanzar al mercado medicamentos.
En una especie de mea culpa, escribe en Sana Sana: “Creé avisos para promover la venta de drogas ineficaces que, por la ignorancia y la buena fe de las que sufría entonces por partes iguales y en gran cantidad, me parecían milagrosas. Hice guiones de films destinados a explicar a la profesión médica los beneficios de fármacos que más tarde supe que son dañinos y escribí anuncios inspiradores de confianza para que las madres les dieran a sus hijos medicamentos que hoy sé que son peligrosos”.

¿Cómo pasaste de la publicidad a la medicina?
–Me había quedado siempre la frustración de ser médica, que era mi plan original, pero como empecé a trabajar en publicidad quedé enganchada en esa vida, que por esos años era muy seductora y te daba muchas satisfacciones profesionales. A los 34 años terminé el secundario y me anoté en Medicina en la UBA. Una locura: trabajaba todo el día, iba a la facultad a la noche, volvía a mi casa a cocinar y atender a los chicos, y me ponía a estudiar de madrugada. ¡Me acuerdo de haberme quedado dormida caminando!
Hasta que esos dos mundos, que empezaban a hacerle ruido, colapsaron de golpe: un día, mientras cursaba en el Muñiz y veía a un hombre morir de tuberculosis por no tener el dinero para comprar las drogas necesarias para tratarse, volvió a la agencia, donde hacía una hora la discusión era si los cachetes del angelito de la marca de galletitas tenían que ser rosa tirando a fucsia o tirando a naranja. Así dejó la publicidad, empezó a atender pacientes y a estudiar la especialización en homeopatía. El mundo de la publicidad ya no era el mismo. Ella tampoco.

EL MALESTAR EN EL CUERPO

En Sana Sana, Müller escribe sobre las implicancias del consumo sin control de medicamentos, que en la Argentina es la segunda causa de intoxicación después del alcohol, pero también delinea años de observaciones sobre la relación que una sociedad que estimula sin tregua la productividad y el consumo establece con los parámetros de qué es la salud y qué la enfermedad en sus cuerpos sujetos a control. “Me preguntan si escribí este libro porque soy homeópata, y yo digo que es al revés: soy homeópata porque pienso así”, dice. Pensar así implica una relación con la salud donde se vuelvan a escuchar las señales del cuerpo en vez de reprimir los síntomas, atiborrándolo de remedios que probablemente no necesite.

Una de las ideas más fuertes del libro es en contra de la publicidad y venta libre de medicamentos. ¿Por qué?
–No puede haber publicidad de algo que vos te tragás y actúa sobre tu organismo, medicamentos que si leés con cuidado las contraindicaciones no los tomás nunca más. Porque es necesario un balance: si me puede provocar tal cosa, ¿vale la pena correr el riesgo y tomarlo porque me siento un poco mal por una gripe? ¿No será mejor tomarme un té de jengibre y quedarme en la cama un día? Bancarme el malestar, entenderlo. Pero da mucha tranquilidad ver que el síntoma no está más. Porque hay una cuestión cultural, que nos han inyectado, de no poder tolerar ningún malestar. Ante el síntoma, la pregunta nunca es qué hago, sino “qué tomo”. La solución siempre es química.
En su libro anterior, Pandemia (2010), Müller alertaba, luego del brote a nivel mundial del virus A (N1H1), un tema que retoma en este libro: el peligro del uso de antibióticos que, contrariamente a muchos países, en la Argentina son de venta libre, avalada por los laboratorios. “La idea de ampliar el mercado siempre está flotando en la industria farmacéutica. No tan cínicamente como la gente supone, no son villanos de Batman creando virus. También intento en el libro desmitificar ese tipo de cosas. Los antibióticos, como los corticoides o los remedios para la diabetes, son medicamentos maravillosos, pero están mal usados, en un mercado totalmente desregulado donde los venden como se les canta y la gente los toma como se le ocurre.” Buena alimentación, ejercicio, descanso: muchas enfermedades como el colesterol alto, dice, pueden prevenirse sin necesidad de recurrir a la industria farmacéutica, que trabaja en realidad para el mayor mercado: quienes temen o desean estar enfermos. “Esto lo podemos explicar los homeópatas porque estamos con el paciente el tiempo que haga falta. Pero un médico que tiene diez minutos para atender, no puede. Lo único que puede hacer es agregar una receta más. Y eso, que se llama “polifarmacia” –tomar muchos medicamentos–, está en relación directa con la mortalidad. Se muere mucho más la gente que toma más drogas de las llamadas “preventivas” –para no tener un ACV, para bajar la presión, para dormir bien– que las que toman menos.

MEDICINA EXPRES

Con la irrupción de los buscadores de Internet, también cambió la relación médico-paciente: por un lado, está el peligro de quien busca un síntoma y, como en un curso de medicina exprés, encuentra cien cuadros clínicos gravísimos. Pero por otro, la autoridad paternalista del médico es ahora cuestionada por el paciente. “Me parece muy bien cuando la gente quiere investigar sobre su enfermedad y no quedarse sólo con lo que le dice el médico –dice Müller–. No estoy en desacuerdo con eso. A los médicos tradicionales no les cae nada bien, le dicen al paciente: si no vas a hacer lo que te digo, para qué estás acá. O me cuentan que la opción es o hacer homeopatía o tratarse con ellos, cuando tratar de unir las dos cosas es lo que le hace bien al paciente. Porque en muchísimos casos son absolutamente compatibles. Yo creo que la medicina va a dar un salto cuando todo esto se pueda integrar en beneficio del paciente, y no obligarlo a elegir entre la vía más natural o la hipermedicación.”

¿Cuáles te parecen que son las dos o tres medidas más importantes que desde el Estado deberían plantearse?
–En principio, prohibir absolutamente la publicidad de medicamentos. Cambiar la relación con las prepagas para que no exploten a los médicos. No puede ser, por otro lado, que los médicos empleados de un laboratorio o una empresa difundan y promuevan el uso de tal droga. Pero mientras la lógica de mercado sea la que maneje el sistema de salud, esto es imposible de arreglar en todo el mundo: la industria farmacéutica es la más grande después del tráfico de armas.

Si es tan difícil de modificar, ¿cómo recuperar entonces esa soberanía del cuerpo de la cual hablás en el libro?
–No podemos hacer nada por cambiar el sistema de salud cada uno de nosotros, pero sí individualmente o comunitariamente defendernos de esa presión. Parar y escuchar al cuerpo. No estoy proponiendo sufrir ni pasarla mal. Pero si un nene sano tiene fiebre, por ejemplo, ¿por qué se lo impiden? La fiebre desencadena una cascada inmunitaria maravillosa, que mata las bacterias y lo protege para el futuro. Yo creo que hay que aprender a enfermarse de nuevo, eso es aprender a curarse también. Si uno tiene diarrea, hay que cagar, no hay otra. Están saliendo los tóxicos y las bacterias.

¿Y qué pasa con las vacunas, por ejemplo?
–Son temas polémicos, que hay que debatir. No puede ser que se nos impongan obligatoriamente. No digo que no hay que vacunar, ojo. Pero las vacunas pasan, no dan inmunidad de por vida, y lo que queda es la instrucción y la infraestructura: donde se vive como en la Edad Media, se enferma y se muere como en la Edad Media. Yo siempre fantaseo con un “supraministerio” que englobe salud, vivienda y desarrollo, porque ésa es la base de la prevención. El Ministerio de Salud hoy está comunicando muy bien, pero si no hay cloacas... ¿qué puede hacer? Quiero decir que, salvo en casos extraordinarios como los antibióticos, por ejemplo, el pensamiento lógico, inteligente, puede ser más efectivo sobre la salud pública que el pensamiento científico. Esos son los médicos para mí más brillantes: Florencio Escardó, Ramón Carrillo. Esos son los que en vez de dar una pastillita a una persona pueden mirar más en general qué es lo que está pasando.